viernes, 25 de julio de 2014

Primeros días - Parte II

El avión aterrizó sin más. A diferencia de otras veces, no tardamos horas en desembarcar. Luego, lo de siempre. Migraciones, papeles, pasaporte a qué viene usted a Canadá, y un chiste que no funcionó con el agente vestido de Robocop.
A eso de las  6 estaba esperando mi valija. A que mi valija saliera del bendito agujero y cayera en la cinta y luego pasara a mis manos. 
Más tarde me encontraba cruzando un lindo pasillo vidridado, cuando algo me llamó la atención. En un rincón casi en penumbra había un busto de alguien que me parecía familiar. Al principio seguí caminando pero algo me llamaba, me obligaba a volver así que pegué la vuelta y encaré la figura, delante de la cual quedé paralizado un minuto sin poder creer lo que veía. 
Algunos minutos más tarde, me encontraba con mi amigo quien, entre risas, abrazos y frases de bienvenida, me explicaba como aquel personaje del busto había influenciado en la política Canadiense.
Vino después la tirada hasta la ciudad misma de Toronto, un desayuno light con huevos y bacon, siesta y el primer entrenamiento en la pile olímpica.
Mis primeras impresiones del lugar fueron: un ciudad ordenada, silenciosa, con empleados municipales que arreglan una calle mientras otros tres miran... ¿Suena conocido? Si, también está la cuestión esa que si aparece un bache en una calle la cortan y la arreglan toda, la milonga de llenar formularios para obtener un permiso para sacar fotos en un complejo municipal, la historia de dejar libre el lado izquierdo de la escalera mecánica para los que quieren subir caminando y algunas otros detalles mínimos.

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